¿Por qué el mundo necesita leer a Astro Boy?

Si algo podemos decir del mundo en que vivimos es que se percibe desde los extremos. En los últimos años, pareciera que hemos perdido las escalas de grises y los claroscuros en nuestros feed de noticias. Presenciamos el despunte de la discriminación, del clasismo y de la xenofobia alrededor del globo. Esto ciertamente no es un fenómeno nuevo, pero pensábamos que varias de esas expresiones las habíamos superado. Ahora parece que son cosas que la humanidad tiene que cargar durante mucho tiempo, que nos han acompañado desde los primeros días de la modernidad, pero la preceden por mucho. Vivimos en momentos de incertidumbre, y para colmo de males, estamos rodeados de personas que explotan el miedo para su beneficio. Si bien hay que pensar en el futuro, propongo que nos enfrentemos a él desde las lecciones de nuestro pasado.

¿Hay algún horizonte para guiarnos hacia mejorar nuestro rumbo? Considero que sí: creo que se encuentra en la esperanza, y se que no soy el único que ha respondido de la misma forma. En 1951, Osamu Tezuka revolucionó el mundo de la historieta con la aparición de Tetsuwan Atomu (鉄腕アトム), el poderoso Átomo, personaje que se conoce en los continentes americano y europeo como Astro Boy. El aporte de Tezuka no tiene comparación en el mundo del manga, al que modernizó de conjunto, y en el arte de la historieta muy pocos pueden sentarse en el mismo sitio que él.  Desde su primera aparición en la historia “Ambassador Atom” en la revista Shōnen, el personaje de “Astro” representa lo que en el pensamiento contemporáneo llamaríamos al Otro: un individuo diferente, que no reconocemos como parte de nuestra propia comunidad. Al reconocer a ese Otro, reafirmamos el discurso de quienes se supone que somos nosotros. Desde el nombre del personaje, haciendo referencia al átomo, que representa un enorme trauma en la historia japonesa, como el símbolo de una energía incontenible, encontramos un primer alejamiento. Sin embargo, el autor hace contrapunto a través del cuerpo de su personaje, que es el de un niño pequeño y alegre.  Astro es algo fuera de nosotros. Ese tipo de contradicciones, como ironías vividas, están muy presentes en las obras de Tezuka y siempre son un delirio.

A pesar de toda la fuerza que contiene Astro, llegando a tener 1, 00,000, 000 de caballos de fuerza en la historia “The Greatest Robot on Earth”, él es un robot, en una sociedad en donde se les trata como individuos de segunda clase, e incluso como meros instrumentos de trabajo, a pesar de poseer una clara conciencia. Sin embargo, ante esa sociedad opresiva, nos demuestra como ese Otro tiene una dignidad intrínseca, más allá de lo que digan las mayorías, que debe ser defendida y afirmada ante la adversidad. Astro le enseña a su mundo cómo su diferencia es un hecho positivo, generalmente procurando dar prioridad al diálogo y a la búsqueda de la paz. No es su increíble poder, sino su irónica humanidad lo que causa que, aunque el enemigo pueda negarse, al lector no le quede otro camino más que otorgarle su completo reconocimiento.

Ese es un juego de espejos que el autor desarrolla a lo largo de Astro Boy. Habiendo leído las 4,864 páginas de la recopilación más completa de la obra, vemos que, si bien el ser humano tiende a ser presentado como conflictivo, siempre tiene el beneficio de la duda. Y no me refiero sólo a los que están plasmados en el papel, sino a nosotros los lectores, que gracias a ese Otro que es Astro, terminamos identificándonos con los humanos, obligándonos a vernos representados para forzarnos a preguntarnos sobre nuestras acciones. A todos nosotros, Astro siempre nos observa con la posibilidad de mejorar y de redimirnos. El verdadero villano eventualmente es aquel que se niega a hacerlo.

Una vez que se comprende este doble juego, caemos en cuenta de que, aunque Astro Boy fue escrito para niños, está muy lejos de ser exclusivo a ellos. A lo largo de la historieta vemos imágenes de tortura, de daño o de destrucción infligido a los robots. Masacres enteras, como la que se presenta en “Black Lux”.  El enemigo los trata como objetos, como muñecos. Pero Astro, al ser nuestro embajador a su mundo, hace imposible que los espectadores podamos verlos como cosas. Así, a través de dibujos infantiles, vemos los reflejos más oscuros de nuestra humana historia.

En las páginas de Astro Boy generalmente aparece una abierta desconfianza a la autoridad de los gobiernos. Salvo en contadas ocasiones como en “Fuhrer ZZZ”, el líder humano reflejará el ansia del control, del dominio o de la guerra. Será ello, o el desprecio ese Otro que son los robots, lo que guiará su participación en la historia. El caso más claro lo vemos en “His Highness Deadcross”, donde la democracia permite a los robots oprimidos detentar el gobierno y un grupo de humanos harán todo para evitarlo. La autoridad no tolera que aquello que observa como “inferior” la gobierne.

La gran excepción a esta imagen de la humanidad son los niños. Dentro de las diferentes historias ellos llevan la mirada que expresa el dolor que nosotros como espectadores experimentamos ante la injusticia. Sin embargo, Tezuka permite que, precisamente por su calidad de niños, podamos mantener con ellos el principio de esperanza. A través de ellos el autor completa una visión redentora de lo humano, que si bien no está libre de prejuicios, siempre está en posición de superarlos. Se dejan maravillar por los Otros, lo que nos “jala” como espectadores a hacer lo mismo. En ello, todo miedo se disipa.

Por otro lado, Astro Boy es un claro argumento en contra de la producción de ciencia y del conocimiento de forma utilitaria. Como toda buena obra de Ciencia Ficción, el centro de su argumento es de carácter ético. ¿Qué hace a “lo humano”? En la historia, esto último va más allá de la corporalidad gracias al avance de la ciencia misma. Tezuka propone que se encuentra en la conciencia.  De ahí parte el principio del derecho, el reconocimiento del individuo y su dignidad. En ello, Astro Boy trasciende las leyes de Asimov. Donde este último se pregunta, ¿Cómo mantener la dominación de nuestra creación? Tezuka responde: si es consciente, ¿por qué habrá de ser dominada? ¿no es demeritar a la creación misma?

Dicho todo lo anterior, es necesario también ser críticos con varios aspectos de la historia. En varias ocasiones, como en “Atlas”, Astro encuentra formas de justificar a veces una pronunciada sumisión de los robots a los humanos. Sin embargo, en el plano general de la obra, sus problemas más grandes están en la manera en que se muestran las personas de fenotipo negro y la manera en que se representa a la mujer. Ambos son los dos grandes Otros, que Tezuka no supo abordar con Astro.

El primer caso, es plenamente reconocido por Tezuka Productions. No se puede hacer apología de esto, pero considero acertado de su parte que no se trate de rectificar la historia del personaje a través de la alteración de la obra o la censura, y que se haya optado por asumir el error de la estereotipación, que en sí está claramente codificado en un lenguaje (gráfico) colonialista. Lo que sí es importante afirmar, es que es un problema general en el manga moderno. Ejemplos de ello son 008 de Cyborg 009 por Shōtarō Ishinomori o Mr. Popo de Dragon Ball de Akira Toriyama, por sólo mencionar algunos. Esta tendencia parece estar mejorando significativamente. También, como hipótesis a desarrollar en un futuro, considero que mucho tuvo que ver la influencia de la caricatura y de la historieta americana, particularmente aquellas producidas por los estudios Fleischer y por Disney, cuyo trabajo Tezuka admiraba particularmente, como es bien sabido.

En cuanto al segundo caso, encontramos a lo largo de Astro Boy algunas escenas de abuso físico como en “White Planet”.  También encontramos la estereotipación de la mujer como superficial y frívola, particularmente en las historias del arco “Once upon a time…” publicadas en el periódico Sankei. Estas lamentablemente son narrativas comunes dentro de las historias de la época, de las cuales tenemos que ser cuidadosos. Considero, sin embargo, que valdría la pena abordarlas en un futuro a la luz de otra obra de Tezuka, La princesa caballero, una de las obras centrales del género shōjo.

Así, Astro Boy es una obra para niños, que nunca fue exclusiva para ellos. Es un trazo sobre lo mejor y lo peor que puede encontrarse dentro de la civilización, a la que ni siquiera el autor escapa. Afortunadamente, también pretende dejarnos claro que en el horizonte no puede haber salida más que la reconciliación.

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